Lo que se le discutía no era ni su forma de ser, ni sus arranques de bronca, ni su facilidad para encontrar los problemas. Lo que se le discutía era la manera de resolverlos.
Alguna vez lo vieron volando por el norte, con la mirada fija. Con los parpados vibrando. Lo vieron de lejos, nunca de cerca. Lo vieron con su cabellera al viento, con su motor de desierto. Con sus extraños aparatos colgando, analizandolo todo. Todos en el pueblo sabían su nombre. Pero repetirlo era mala seña. Un posible mal trago. así que preferian olvidarlo y seguir con sus pequeñas vidas.