
Sin miedo a equivocarse, habla el rey. escupe las palabras como semillas de uva, y tarararea un ritmo mientras mata, mientras corta. Despide a sus invitados con un pequeño vaso de vino y apaga la luz del único velador de su palacio de cartón.
El rey reduce "todo" a dos cuadras a la redonda. Habla de paris con una lata de arvejas en la mano. El rey habla de hitler, de marx, de dios, de paz, de vos. Y todo lo reduce a sus dos cuadras. El basural, la lápida, la piedra son sus análogias favoritas. Y nunca pierde la calma (aunque la pierda). El soberano del barro nunca vende, nunca se vende. Es el rey y no necesita ser más. Es el rey, el rey del bajo barrio (el rey del barro -del barrio- del barro). Es el rey, y un rey es eso y nada más.